La Ciudad ya tiene casi 200 cámaras de fotomultas: ¿son preventivas o recaudatorias?

La creciente instalación de equipos reaviva el debate. El Gobierno porteño defiende la fiscalización electrónica y dice que bajan los accidentes. Los especialistas dividen posturas: aseguran que son necesarias pero que el conductor deber saber dónde están.

Primero aparecieron en autopistas y avenidas y ahora están en muchas calles. La instalación de cámaras de fotomultas en la Ciudad fue creciendo desde 2010 y ya hay más de 200, según datos oficiales. Son cámaras fijas de control de velocidad, violación de luz roja, circulación por zonas prohibidas e invasión de senda peatonal. Así, en Buenos Aires hay un radar cada 15 mil habitantes.

Si bien aún no se ha llegado al nivel de control electrónico de otras ciudades de la región como por ejemplo San Pablo, que cuenta con 1.000 equipos (uno cada 10 mil), Buenos Aires supera largamente a Montevideo (30 cámaras, una cada 50 mil personas) y Santiago de Chile (la misma tasa, con 100 cámaras para 5 millones de habitantes).

Sin embargo, una de las diferencias entre Buenos Aires y otras ciudades sudamericanas es que, mientras que en ellas la ubicación de las cámaras se publicita en la web oficial, aquí eso no sucede, lo que puede ser utilizado como argumento para tildar al sistema de recaudatorio y no preventivo.

En el Gobierno de la Ciudad advierten que cualquier vecino puede acceder a la plataforma BA Data donde, por ejemplo, está la ubicación de todas las cámara que registran fotomultas. «Todo es trasparente y no se esconde nada –explica Juan José Méndez, secretario de Tránsito y Transporte porteño-. Para nosotros una cámara tiene éxito cuando ya no registra ninguna multa y por lo tanto no genera ningún tipo de recaudación. Los conductores saben dónde están y se cuidan».

El funcionario lo grafica con la cámara que está en Figueroa Alcorta cruzando Sarmiento, donde la avenida pega una curva y la velocidad máxima baja de 60 a 40 km/h. «Era la curva de la muerte, era muy común que se registraran siniestros con víctimas fatales. Desde la instalación de la cámara no sólo dejó de haber accidentes sino que prácticamente no se registran infracciones por superar el límite de velocidad», explica Méndez.

Al margen de los mapas publicados en la web, en otras ciudades hay cartelería vertical anunciando la existencia del radar. «La presencia de cámaras para hacer fotomultas tiene que comunicarse», dice Marcelo Aiello, gerente general del Cesvi. Y amplía: «Se supone que estos equipos se colocan en puntos de concentración alta de accidentes o en sitios que exigen que se reduzca la velocidad. Al ver el cartel, el conductor levantaría el pie del acelerador y, al hacerlo, habría menos probabilidad de que ocurran siniestros. Pero si el equipo está en un sitio sin lógica y no se le avisa al automovilista, el fin es recaudatorio y no preventivo».

En tal sentido, Ricardo Lasca, titular del Comité Nacional de Defensa del Usuario Vial es contundente: «No me cabe duda de que es una forma de recaudar. La Ciudad tiene un tránsito caótico que no se resuelve a través de fotomultas, sino con un programa serio de educación vial, acompañado de control y sanción». Al mismo tiempo, y con respecto a la necesidad de avisar de la presencia de cámara, agrega: «Aunque suene antipático, creo que no hay que poner carteles. El conductor tiene que ser consciente de las normas, en forma independiente a que se le avise o no».

Por su parte, Fabián Pons, presidente del Observatorio Vial Latinoamericano afirma que «la falta de aviso no es excusa». «Los automovilistas deben manejar de acuerdo a las normas de tránsito. No se puede aducir desconocimiento de las reglas. Si el conductor está estacionado en un lugar indebido o si excede la velocidad permitida, el Estado tiene derecho a multarlo. No hay multas cazabobos, sino bobos que se dejan cazar», desarrolla. Y concluye: «El debate está en plantear si las fotomultas son disuasorias, si cambian o no conductas a largo plazo. Para mí, no necesariamente. Eso se logra con educación y luego control y sanción».

Al respecto, Juan José Méndez enfatiza que la fiscalización es sólo una pata del plan de seguridad vial en la Ciudad. «Se completa con el mejoramiento de la infraestructura en la calle y con un cambio cultural: todo debemos entender que las normas de tránsito están para cumplirse», asegura. En el mismo sentido se expresa Jorge Enriquez, subsecretario de Justicia porteño: «Las campañas educativas juegan un rol fundamental, pero la experiencia nos enseña que al mismo tiempo debe sancionarse rápida y efectivamente a los transgresores».

Además de las cámaras fijas, la Ciudad comenzó a aplicar este año las motomultas, cámaras instaladas en los casos de los Agentes de Tránsito que fiscalizan en moto el estacionamiento indebido.

Tanto en la Capital como en la Provincia de Buenos Aires, las cámaras fijas son instaladas y operadas por Cecaitra, la cámara que nuclea a las empresas fabricantes de los equipos. El desembarco de Cecaitra en la Ciudad se produjo en 2010, cuando derrotó en licitación pública a las antiguas y cuestionadas empresas proveedoras del servicio, Siemens y Meller. En la actualidad, según informaron a Clarín fuentes de la Cámara, están trabajando en el desarrollo local de equipos que detectan infracciones en el interior de los vehículos: no ponerse el cinturón de seguridad y usar el celular.

Fuente: https://www.clarin.com/ciudades/fotomultas_0_rk4LJpfRl.html

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